Autoretrato vs. Selfie

Pintando con la luz

Desde hace siglos, los artistas que han abordado el difícil campo del retrato añadían valor a su obra con la dificultad intrínseca que supone reflejarse a sí mismos. Pintores y fotógrafos han abarcado esta disciplina como herramienta capaz de captar y reflejar lo más interno de las personas, su carácter, emociones y actitudes. Un buen retrato no es solo una imagen más o menos fiel de un individuo, sino que trata de trasmitir algo más.

Es un formato que requiere de una comunicación entre el artista y el modelo, establecer un vínculo a veces en tan solo unos minutos, pero suficientes y necesarios para que la cámara recoja esa expresión.

Las musas.

En este campo del autoretrato, resulta la paradoja de que ambos interlocutores son la misma persona. Fácil, puede pensar alguno, yo ya me conozco. Pero nada más lejos de la realidad. Si realmente quieres captar algo interesante que trasmitir, tienes que arriesgaste a mostrarte, y que los demás te vean tal como ellos mismos lo harían si estuvieran allí. Es decir, mostrarte como si otro estuviera captando esa imagen. Tienes que conseguir comunicar con el otro, aunque no esté. Esta dificultad se añade a la propia del retrato en sí.

Pero las nuevas tecnologías y las nuevas modas de: «Do it Yourself«, hazlo todo tú mismo, ponen -aparentemente- al alcance de cualquiera un arte tan complejo. Cualquiera puede hacerse una foto a sí mismo, un Selfie. Y como, además, lo ves en el acto, puedes probar y cambiar de pose hasta que quedas contento con lo que ves. Ahora bien, eso no es un retrato. La mayoría de las veces, ni siquiera sabemos a dónde mirar porque estamos poniendo la atención en la pantalla, en lugar de intentar expresar algo a ese puntito difícil de localizar, donde realmente está la cámara. Donde estaría el espectador al que dirigirnos.

Entonces, ¿no me puedo hacer un selfie? Mi consejo?… -No. En todo caso, pon atención y haz un auténtico retrato. Aunque sea tuyo. Ten en cuenta primero qué quieres contar, observa todo lo que va a salir en la imagen, qué hay en el fondo, qué luz tienes y si es la que más te va a favorecer, que elementos puedes incluir para ayudar a ese mensaje.

Con los grandes artistas de la fotografía que destacan en este momento por sus autoretratos (ved la obra de @carmen_bercas, o @desireedelgado por ejemplo), sería casi un insulto decir que hacen «selfies«. Trata pues de aportar algo más a esas imágenes que quieres captar. Ponle más mimo y atención y seguro que, además, obtienes más likes.

El Ángel caído.

Fotografía sanadora. Una sesión terapéutica

Vivimos rodeados de imágenes, pero no solo por carteles publicitarios y marcas, sino también por la estética de las modas que afectan muchísimo a cómo percibimos el concepto de belleza y, consecuentemente, en cómo nos percibimos y valoramos a nosotros mismos.

Al vivir en sociedad -y más concretamente, en tribus urbanas-, los patrones de estética, y lo que se acepta o no, tienen un peso demasiado alto y distorsionan mucho la percepción de la realidad de las personas únicas que somos.

La Madonna dei gatti.

Hay quienes usan esas diferencias para destacar, significarse o incluso protestar, pero más allá del uso externo que hagamos de la estética, lo importante es cómo nos sentimos con nosotros mismos y cuál es el grado de aceptación o satisfacción de nuestra propia imagen. Tan peligroso es sentirse inferior, menospreciado o marginado, como ser esclavo de la aparente perfección y vivir engreído por tener la creencia de estar por encima de los demás. Como dicen en la Medicina China: ni en exceso, ni en insuficiencia hay salud.

Todo esto hace que distorsionemos muy fácilmente la imagen que tenemos de nosotros mismos. Cuando nos miramos al espejo, la mirada crítica no puede ser mayor. Quizá porque lo más esencial no nos lo podemos apreciar en él.  Es cuando nos «reflejamos» en la interacción con otra persona cuando manifestamos esa luz, ese interior. Por eso no es lo mismo hacerse un selfie, que obtener una fotografía fruto de la interacción con un fotógrafo que, conociendo bien su oficio, sea capaz, además, de sacar de cada uno esa personalidad.

Miguel y sus facetas.

Establecer una comunicación entre el fotógrafo y la persona que posa, un diálogo. Generar un vínculo a través del cual, la persona se expresa y, casi transparente, entre las dos personas, hay una cámara que capta esa comunicación. Ese es el retrato. No captamos caras, captamos comunicación no verbal, sensaciones… el alma, como temían los indígenas norteamericanos.

Partiendo de esa interacción, de la propia sesión fotográfica, a parte de las bonitas imágenes obtenidas, surge otro resultado añadido al hecho de hacerse unas fotos: el de la propia experiencia de ese proceso. No solo puede resultar divertido o enriquecedor, sino que puede llegar a ser terapéutico. Durante el proceso o al enfrentarnos al resultado que el fotógrafo ha captado, algo cambia en nosotros, otra imagen distinta a la que teníamos nos llega. Es una visión externa, lo que no vemos, es… lo que nuestro interior proyecta. ( a menudo… inconsciente ).

En varias ocasiones, mi amigo César Cerón ha escrito sobre esa relación entre la fotografía y la psicología Gestalt haciendo hincapié en la toma de conciencia del ojo que mira sobre el instante efímero que sucede ante él. Y de cómo la fotografía surge como reflejo involuntario de lo que Es.

Pedro, profesor de Aikido.

Los que me conocéis, sabéis que dedico mucho tiempo al acompañamiento personal en la práctica del Taichi y al crecimiento personal desde la filosofía oriental. No es raro pues, que esa misma función de canalizar ciertas emociones y motivar hacia la asertividad y el empoderamiento, termine llegando también a la fotografía que realizo.

Por todo esto, la propuesta desde TresSotomayor de fotografía de personas abarca toda esta «cocinilla» en su interior. No solo pretendo crear Retratos en el más amplio y profundo sentido, sino ofrecer la oportunidad de que sea una experiencia sanadora, que ayude a las personas a reencontrarse con todas sus facetas, las más dulces y las más canallas. Ya sabéis, somos… un abanico.

Vestuario diferenciador para tus fotos

Abrigo de Desigual
Abrigo de Desigual.

Seguro que en tu armario tienes un montón de prendas con las que te sientes cómoda, que te gustan, realzan tu figura y tu atractivo o, simplemente, que van acordes con tu estilo y tu forma de ser. ( si no es así, te recomiendo una revisión a fondo de tu fondo de armario. Probablemente sobran muchas cosas y faltan otras).

Pero la duda surge cuando te planteas una sesión de fotos. La primera pregunta siempre es ¿qué me pongo?

Para estas ocasiones, suelen recomendar colores planos, evitar estampados llamativos o lineas finas que puedan generar texturas indeseadas en las fotos, pero más allá de eso, lo realmente importante, es que aproveches al máximo el valor añadido que el vestuario pueda aportar a la sesión sin que vayas «disfrazada».

El punto medio sería el que te permite usar esa prenda especial pero con la que te identifiques. Esa que te pondrías más si no estuvieramos en una sociedad tan inclinada a «opinar de todo» …que si marca, que si no define, que si fashion victim, que si te queda fatal…

En una sesión de fotos para ti, puedes usar lo que quieras, puedes ser atrevida, o estravagante, glamourosa, o hippy… o permitirte, por un momento -como hacen los actores-, interpretar un papel, asumir un rol o un estilo diferente que no llevarías habitualmente.

Chaqueta. The RoomShop

Hay en tu ciudad seguro lugares donde encontrar prendas diferenciadoras para cualquiera de las opciones que desees. La gracia está en buscar aquello que no lleva todo el mundo, no necesariamente exclusivo y caro, sino más bien, seleccionado con buen gusto y algo de originalidad, para que esas fotos que vas a conservar y posiblemente observar durante tiempo, tengan ese sello distintivo. Recuerda que no debes cansarte de ellas enseguida, por lo que la moderación también es importante. 🙂

Otros elementos que te van a ayudar a ese look son los accesorios como collares, tocados, bufandas o foulards… O algo más atrevido como piezas en piel o cuero, gargantillas o arneses como los que están popularizando la marca murciana SamuraiSan Harness.

Lencería o corpiños, -si optas por una sesión de boudoir- también te van a dar ese toque sexy y elegante a la vez. Aunque una camisa de hombre nunca falla en estos casos, aportar una prenda pensada para la intimidad siempre va a dar buen resultado y hay soluciones para todos los tipos de persona y estilos.

Corpiño de La Eroteca de Eva

No tengáis reparo en buscar en tiendas especializadas en lencería erótica, temáticas o frikys. Hay auténticas virguerías para los aficionados a los cómic y las series de fantasía. (manga, anime y cosplays varios). Ahí también tenéis un buen filón de ideas -quién no ha querido ser Spiderman o WonderWoman por un momento-.

Resumiendo, no dejéis de buscar, ser atrevidas, investigar, elegir bien, y lanzarse a la experiencia de sentirse diferentes por un día, sin dejar de ser vosotras mismas. Más aún… probablemente seáis más auténticas así.

Atrapa lo efímero… con arte

Esperando a Tiago.

Hay situaciones o circunstancias que no se repiten. Son esas ocasiones donde merece la pena conservar un bonito recuerdo, incluso lo más poético posible -diría yo-. (En los concursos fotográficos, uno de los aspectos que se valoran más de una imagen es si tiene «momento«, es decir, si refleja algo irrepetible que el autor logró captar).

Tenemos claro que eventos como un bautizo, una boda… se inmortalizan para «tener el recuerdo», pero hay otros muchos instantes de la vida que cobran ese valor precisamente porque son efímeros, porque no tendremos oportunidad más adelante de reflejarlos del mismo modo. Un viaje, una celebración, un cambio de imagen, una etapa de nuestra vida concreta, o una frescura que tememos perder son buenos argumentos para capturar ese momento.

Para cumplir ese objetivo, una foto con el móvil bastaría pero… ¿y si además del recuerdo, creamos algo bello, algo artístico y memorable? La diferencia entre la fotografía documental y la expresión artística radica ahí: Un obra artística en una pared importante de la casa pasa al poco tiempo, de ser una decoración, a ser un objeto importante para la familia, un recuerdo con valor sentimental y emotivo para todos. Pero para eso, hay que crear ese valor, ese recuerdo.

Es una buena costumbre, entonces, estar atentos a generar esos recuerdos, regalar o regalarse esos trocitos de la historia familiar que solo tendrán sentido, quizá, con el paso del tiempo. Y por eso, lo ideal es que el recuerdo sea lo más artístico, lo más bello posible… y poético.