Atrapa lo efímero… con arte

Esperando a Tiago.

Hay situaciones o circunstancias que no se repiten. Son esas ocasiones donde merece la pena conservar un bonito recuerdo, incluso lo más poético posible -diría yo-. (En los concursos fotográficos, uno de los aspectos que se valoran más de una imagen es si tiene «momento«, es decir, si refleja algo irrepetible que el autor logró captar).

Tenemos claro que eventos como un bautizo, una boda… se inmortalizan para «tener el recuerdo», pero hay otros muchos instantes de la vida que cobran ese valor precisamente porque son efímeros, porque no tendremos oportunidad más adelante de reflejarlos del mismo modo. Un viaje, una celebración, un cambio de imagen, una etapa de nuestra vida concreta, o una frescura que tememos perder son buenos argumentos para capturar ese momento.

Para cumplir ese objetivo, una foto con el móvil bastaría pero… ¿y si además del recuerdo, creamos algo bello, algo artístico y memorable? La diferencia entre la fotografía documental y la expresión artística radica ahí: Un obra artística en una pared importante de la casa pasa al poco tiempo, de ser una decoración, a ser un objeto importante para la familia, un recuerdo con valor sentimental y emotivo para todos. Pero para eso, hay que crear ese valor, ese recuerdo.

Es una buena costumbre, entonces, estar atentos a generar esos recuerdos, regalar o regalarse esos trocitos de la historia familiar que solo tendrán sentido, quizá, con el paso del tiempo. Y por eso, lo ideal es que el recuerdo sea lo más artístico, lo más bello posible… y poético.